jueves, 26 de mayo de 2016

El extraño caso del Dornier 17




Calles San Francisco, Iturribide y Ollerias (Foto "La Tarde")


El domingo 18 de abril de 1937, las sirenas anunciaron al vecindario de Bilbao un ataque aéreo. A su encuentro despegaron del aeropuerto del viejo campo de polo de Lamiako, cuatro “chatos”, cazas rusos comandados por el cántabro Felipe del Río, que persiguieron a tres Dornier 17, veloces bombarderos nazis, denominados “lápices voladores”. El lugar más afectado por el bombardeo fue el refugio antiaéreo que había debajo de la fábrica de caucho y zapatos, “Cotorruelo y Cía.”, de la calle Prim en Iturribide. Los cuerpos destrozados iban saliendo despacio: un niño de cinco años, un joven, una mujer embarazada...



Dornier 17 derribado, perteneciente a la Luftwaffe. (Foto “La Tarde”)


El ataque fue narrado por el periodista George Steer, cuyo relato del bombardeo de Gernika inspiró a Pablo Picasso para reflejar las atrocidades de los bombardeos sobre poblaciones civiles. En el libro titulado El árbol de Gernika, se indica que  Steer se encontraba en el Hotel Torrontegi, y salió en dirección a Galdakao a ver el lugar donde fue derribado un avión alemán. Mientras unos arrojaban bombas sobre la ciudad, Felipe del Río persiguió a otro avión rebelde, que como consecuencia de combate aéreo, se incendió dando la sensación de caer abatido, pero que a duras penas pudo enderezarse brevemente y seguir planeando hasta las proximidades de Galdakao. Luego él y otros tres cazas, siguieron a otro averiado hasta Legutiano. Momentos antes de caer a tierra el aparato, trató de ganar altura para que se pudiesen tirar los tripulantes, pero al brotar una gran llamarada, los dos pilotos se vieron obligados a arrojarse en paracaídas. Uno de ellos cayó al agua y el otro a tierra, pero ambos por haberse lanzado cuando ya estaban a muy poca altura, resultaron muertos a consecuencia de la violencia del choque. Los restantes tripulantes del avión, al parecer otros dos, cayeron con el aparato y perecieron carbonizados. Según un testigo del derribo, los aviones cayeron cerca de un pinar de Arkotxa, limítrofe con Galdakao.






Un  piloto alemán de veintisiete años, Hans Sobotka, estaba medio calcinado y aún tenía los brazos en alto para cubrirse la cara, su último gesto antes de estrellarse en la ladera de la montaña. Uno de los cadáveres se salía de lo normal; de gran corpulencia, joven, rubia cabellera, un trozo de calcetín, cejas depiladas, labios pintados, largas y cuidadas uñas, y  manos blancas y finas. A primera vista, todo parecía indicar que los alemanes empleaban también a mujeres como pilotos de guerra, pero los médicos de la Sanidad Militar de Bilbao, desvistieron el cuerpo y lo exploraron: axilas depiladas y ropa interior de seda rosa, pero anatómicamente era el cadáver de un hombre. La ropa interior estuvo expuesta en el Departamento de Defensa Vasco y los médicos lo apuntaron en sus libros, como «uno de los incidentes más chocantes de la guerra civil».




Dado que los bimotores disponían de 5 tripulantes, había gran interés por conocer la situación del quinto ocupante. Días después, apareció un paracaídas con los hilos cortados en Upo mendi y a un individuo al parecer extranjero y con vestimenta de aviador, se le vio rondar por las inmediaciones de Galdakao, preguntando a unos muchachos sobre el camino que tenía que seguir para ir a Gasteiz. Dichos muchachos, pusieron el hecho en conocimiento de las autoridades, las cuales inmediatamente dictaron orden de busca y captura. No se dio veracidad al hecho, pero tampoco se negó, aunque la Policía Motorizada de Euzkadi (Euzkadiko Ertzaindi Igeletua) realizó una intensa labor de búsqueda.

Días después, tras otra batalla aérea, Felipe del Rio falleció. Recientemente había sido ascendido a capitán.






Fuente: El árbol de Gernika y La Tarde.



Publicado en el periódico local Dime.



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