miércoles, 18 de noviembre de 2015

La barra vasca


Juan Bautista Mendizabal


El origen del lanzamiento de barra se remonta a la época romana, gozando de gran popularidad a partir del siglo XV como forma de medida de fuerza y diversión entre los canteros que la utilizaban no solo para mover, sino también para horadar las piedras. A principios del S.XX, eran tres las principales variantes peninsulares: aragonesa, castellana y vasca. Las primeras barras eran muy pesadas, impidiendo los largos lanzamientos. Esto desapareció cuando la modalidad se fue integrando como una prueba más en las competiciones federadas de atletismo.


                                  Ilustración de J.P. Tillac                                                        
                                               

En Euskadi existían: las barras vizcaína, guipuzcoana e “izterpe”, con una base común, el lanzamiento por resbale y una forma general de barra que se iba estrechando a medida que salía de la mano. José Iguaran, ideó una barra tomada como modelo de la guipuzcoana, con el fin de introducirla en las pruebas estatales. Los estilos de lanzamiento eran tres: 



Gerrikabeitia en San Mames


a) Con impulso (burrundaran) y a vueltas (piririka). Tomando impulso con vueltas o movimientos que más convengan.


b) Sin impulso (geldian) y a pecho (ertaiñez). Durante los movimientos preparatorios, los pies no deben perder contacto con el suelo. Únicamente en el momento en que empieza a resbalar la barra para salir de la mano, podrá levantarse el pie del lado del brazo que ejecuta el tiro.


c) Sin impulso y bajo piernas (ankabe, iztarpe). Se separan las piernas, de modo que permita maniobrar la barra de atrás adelante. Con el fin de no entorpecer, dada la longitud de la barra y su proximidad al suelo durante dichos movimientos, se permite hacer un hoyo en el suelo entre los puntos de apoyo de los pies.

Ilustración del diario Excelsior

 
En 1925 comenzó el proceso de estandarización de la barra a nivel estatal, en un principio basándose en el estilo castellano, pero dado que en los campeonatos de España de 1930 celebrados en Barcelona, el catalán Capó ganó la prueba con 18,45 mts. dicha marca mostraba la ausencia del estilo vasco, de mayor rendimiento. Es preciso llegar a los Campeonatos estatales de Berazubi, en 1932, para el completo restablecimiento de la barra oficial española. Una barra de acero, dividida en “cabeza” y “cola”, con una longitud de 1,5 metros y un peso no inferior a 3,5 kilogramos. Tanto el proyecto como su reglamentación, estaba desarrollado por José de Iguaran, que adaptada a los lanzamientos clásicos internacionales, hacia posibles todos los estilos peninsulares, pero “probable” solo uno, el de las vueltas al estilo guipuzcoano, de difícil ejecución.


Lanzamiento de Erauskin en Mendizorroza (Foto Excelsius)

 
Antes de la guerra civil, en estilo libre vizcaíno, el mayor lanzador fue Félix Erauzkin, rondando los cuarenta metros. En los estilos guipuzcoano e izterpe, Gabino de Lizarza con 126 pies y 7 pulgadas, y 100 pies y 2 pulgadas, respectivamente. El peso de la barra para el “tiro de pecho” era igual para todos los estilos, nueve libras (4,5 kg). En izterpe solo difería el tamaño, que era más corto.


Enderezador de barra. Iguaran.

Ciñéndonos a nuestro municipio, en las pruebas celebradas en la festividad de San Ignacio, destacaba entre otras disciplinas, el lanzamiento de barra vasca. A partir de esta década, la disciplina dispuso en el municipio a dos grandes lanzadores, José Luis Zelaia, perteneciente al Club Elexalde y Félix Erauskin, posteriormente a la guerra, bajo los colores del C.D. Galdácano.



Descripción de la barra gipuzkoana

 
En Wembley, donde residía en la Olimpiada de Londres, Erauskin realizó los primeros ensayos de su nuevo estilo, basado en la barra vasca. A partir de la actuación de Miguel de la Quadra Salcedo en París en 1956, superando el récord estatal con estilo clásico del lanzador galdakoztarra Pedro Apellaniz, la repercusión mundial del nuevo estilo fue enorme. Félix Erauskin realizó lanzamientos de jabalina que sorprendieron a todo el ámbito atlético, y de este modo, surgieron imitadores de este estilo, entre ellos Miguel de la Quadra Salcedo. Miguel batió todos los récords, lo cual causó una gran revolución en la IAAF. En base a la peligrosidad de la técnica al girar sobre sí mismo, la IAAF modificó el reglamento, prohibiendo dar la espalda a la zona de lanzamiento. Erauskin volvió a reinventar la técnica sin dar vueltas y con esta nueva adaptación De La Quadra lanzó 82,80 m. en Madrid en 1956, pero no pudo acudir a los Juegos Olímpicos de Melbourne. La IAAF volvió a modificar el reglamento indicando que la punta de la jabalina siempre apuntase en dirección del lanzamiento, invalidando las marcas anteriores. El año 1963 fue el último en el que la barra fue incluida en los campeonatos estatales de atletismo.


Desarrollo del lanzamiento de la barra vasca por Félix Erauskin.



Fuente: Periódico Dime Noviembre 2015






     Pruebas atléticas organizadas por Juventud Vasca de EAJ-PNV en San Mames





Artículos relacionados:



ATLETISMO VASCO. LA BARRA. 

La cuestión de la originalidad de este deporte tiene mucho parecido con la del juego de la pelota. Pelota vasca se ha dado en llamar a un deporte en que nuestros jugadores han sobresalido y no hallan, hace tiempo, rivales. Otro tanto ha sucedido con el juego de la barra, en que los vascos, con sus impresionantes lanzamientos, han eclipsado a aragoneses, belgas, bearneses, castellanos.

Los términos que los vascos usan para las diversas clases de lanzamiento de la barra son castellanos, excepto uno: ankabe, “bajo piernas”. No tenemos a mano ningún tratado elemental, ni siquiera un diccionario enciclopédico para consultarlo por el momento. Los castellanos con quienes hemos practicado este deporte, ignoraban esta variedad de nombre vasco, que quizá sea fiel traducción de una cosa tal vez desaparecida en el estilo antiguo, llamado por los vascos “ley antigua”. Esta ley antigua para nosotros es la que rige en Aragón y Castilla, si bien tiende hacia su desaparición. El lanzador que abolió, por decirlo así, la ley antigua y dio impulso a la moderna, fue Juan Martín Elola (Labaka), de Vidania. Desde entonces acá, en apuestas de menor monta, vivió por algún tiempo la costumbre de escoger el retador el estilo que le pluguiera; pero hoy ya, a los cincuenta años o poco más desde que se introdujo la ley moderna, solo esta es la que impera en nuestro país. Y no puede menos de ser así, dada la elegancia y el alcance muy superior de las modernas barras. El tipo, o al menos el sistema de estas, según el palankari Juan Machinandiarena, fue importado de Bélgica por un aficionado de Rentería. Seria curioso saber si subsiste en aquella nación y cuáles son las marcas obtenidas por sus atletas. De los nuestros ha habido algunos que han recorrido Europa y América en busca de contrincantes, sin haber hallado rival digno de sí. Hubo en Flandes un soldado nuestro que en presencia de miles de colegas de las principales naciones europeas lanzo un reto al mejor que existiera bajo el sol, acompañado su bravata de un lanzamiento que dejo absortos a los circunstantes. El predominio en este deporte pudo traer como sucede frecuentemente en otros, el adoptarlo los vascos con entusiasmo y apropiárselo hasta el punto de que ellos y otros lo hayan llegado a denominar “barra vasca”.



Baltasar Esnaola con la barra de 9 libras en la Semana Vasca.

En la ley antigua, tanto la barra como la manera de lanzarla, eran diferentes. La barra era casi de un mismo grosor en todas sus partes, con tendencia a engrosar en la parte del tiro o punta valida. Equilibrándola en las manos, el lanzador, después de varios tientos en posición horizontal, daba algunos pasos antes de la raya de modo que la tocara primero con el izquierdo. Fijo ya este, al mismo tiempo de recoger el otro pie a la raya para lanzar la barra, la ponía está en posición vertical, recogiendo la punta del tiro con la mano izquierda y extendiéndola de nuevo en semicírculo cuantas veces deseaba, hasta coger la breada natural que se puede en posición fija o a pie firme. Hecho esto, lanzábala sin mover los pies, y si caía por la parte gruesa, era tiro valido, llamado simplemente “tiro”; en caso contrario era fallo. La máxima eficacia de este lanzamiento consistía en desprenderse lo más rápidamente de la barra, teniendo cuidado de que esta no diese vueltas ni vibrase mucho en el aire, aunque el tiro resultase valido, pues es natural que perdiese fuerza. Este se llamaba tirar “a pecho”. En el lanzamiento “a vueltas” se guardaba la misma forma de despedir la barra. El lanzamiento “a brazo partido”, o como se dice más vulgarmente “a pedrada” resultaría ineficaz dado el peso y forma del proyectil. El poco peso de la jabalina permite que se la arroje a brazo partido; y por el contrario, el excesivo del llamado “peso” impediría que el tiro “a pecho” fuese lejano por no hallar suficiente asidero y resistencia las puntas de los dedos.

La barra moderna es diferente en su hechura. Es un hierro largo, más largo que el del sistema antiguo, que se va adelgazando gradual y sensiblemente hacia la punta del fallo. A veces tiene un cilindro más grueso en la parte del tiro valido, y desde ese cilindro, con diámetro menor, arranca el resto, de una pieza, en la forma antes dicha. El estilo de lanzarlo es por lapso o resbalón. Se ase la barra asimismo por la mitad, pero con la punta del tiro hacia arriba, no hacia el suelo como en la antigua usanza. Se describe con el brazo el mismo semicírculo o semicírculos que en el anterior sistema, y se va el atleta desprendiendo sucesivamente del proyectil que, abatiéndose cada vez más por la parte gruesa o del tiro, describe una parábola. El recorrido es ele de un cohete que se lanza un poco inclinado. Como la mitad en peso de la barra no es su mitad en longitud, la parte que recorre la mano, resbalando, es bastante más larga, y puede recibir mejor dirección el tiro. El lubrificantes que se usa en cada lanzamiento es el agua. Las longitudes alcanzadas a este estilo, con barra igual peso, son muy superiores.

Hoy las barras son todavía más largas que las empleadas por los Labaka y por el mismo Machinandiarena, que en la actualidad cuenta cincuenta y cuatro años, y alcanzan más largas distancias. Con ellas han hecho sus proezas nuestros últimos lanzadores: Baltasar Esnaola, de Gaztelu, y Gabino Lizarza, de Berastegui. Esta barra así modificada, llámesela si se quiere barra vasca, apenas es susceptible de mayor largura. Sería difícil de manejar, no ya para la variedad de “ankabe”, sino también para la de pecho, en la que recibiría excesivo vuelo.

Las otras dos maneras de lanzar, son bajo piernas y a vueltas. En la primera, la posición de los pies es firme, y meciendo entre ellos la barra para cobrar impulso, se la despide, imprimiéndola idéntica dirección. En la “a vueltas” se pueden dar cuentas se quieran para coger breada, lanzándose la barra en igual forma que a pecho. El alejamiento así conseguido es el máximo. Generalmente nuestros aldeanos llaman “a media vuelta” a esto último; pero debe de ser confusión de términos, porque la media vuelta existió-hablemos en pretérito- y la han practicado alguno de los hoy vivientes. Se colocaba el lanzador a espaldas del punto a donde iba a lanzar, y dando media vuelta lanzaba la barra.

La barra hondeada no se usa ya. La que uso Juan Martín Elola en América contra el bearnés francisco Andú pesaba veinte libras y tenía un metro de largo con agarradera en el extremo superior y una bola en el inferior. Se lanzaba hondeándola y dando vueltas. Las barras corrientes, tanto en el sistema antiguo como en el moderno, son de diez libras castellanas.

En artículos sucesivos daremos cuenta de las marcas obtenidas por nuestros más famosos lanzadores, para que sirvan de ejemplo a la posterioridad. ¡Lástima que en esto, como en tantas otras cosas nuestras, tiene que asomar la endecha! La barra tiene una vida sumamente lánguida, por no decir que ha muerto. El entusiasmo que en nuestra niñez no muy lejana sentían estos pueblos de la redonda por este elegante y varonil deporte, tememos que no pueda resucitarlo el estímulo de un premio anual en la semana vasca. Todavía abrigamos una esperanza. En este pueblecito de gloriosa historia en el deporte que nos ocupa, uno de los números más interesantes del programa de fiestas lo ha constituido este noble ejercicio practicado por briosos jóvenes. Gracias al celoso párroco, que se interesa vivamente por su ministerio y por nuestras sanas costumbres. 

ORIXE. (Fuente: Euzkadi)


Juan Bautista de Elola (Labaka)


NUESTROS PALANKARIS. MATXINANDIARENA. 

Por las fiestas de agosto, no tan bulliciosas como las de Bilbao o San Sebastián, pero no menos simpáticas por lo patriarcales, llegamos de monte en monte al pueblecito de Gaztelu, cuna del famoso palankari Juan Teonto Machinandiarena. Nuestro fin principal era el conocer personalmente al “hijo de Martín el grande”, traduciendo al romance su respetable apellido. A nuestras varias preguntas responden algunos del pueblo que probablemente aparecerá en el centro de mayor concurrencia. Pasamos el día contemplando algunos partidos de pelota y el honesto baile desligado, sin que logremos avistar a nuestro hombre por el casco del pueblo. Gran parte del día siguiente seguimos esperando sin fruto, hasta que por fin, al declinar el día, resolvimos visitarle en su casa, un tanto apartada, como oveja rinconera, del resto agrupado de casitas blancas. En ella estaba tranquilamente con sus convidados, sin gran curiosidad por presenciar el jolgorio anual del vecindario. Le declaramos sin muchos preámbulos el objeto de nuestra visita y nos convida a sentar, mientras nos ofrece el obsequio de fiestas obligado, que hay que aceptar, so pena de inferir un agravio. Le preguntamos la historia de la barra en nuestro país, en que está bien documentado. Lo primero que escuchamos con alborozo de sus labios es que llegar a conocer los hermanos Elola (Labaka), de Vidania, de unos de los cuales fue discípulo. Él cuenta 54 años, y ha sido maestro de Baltasar Esnaola y de Gabino Lizarza. Nos explica los sistemas de barra de estilo antiguo y moderno, las diversas formas de tiro en cada uno de ellos y las principales apuestas que recuerda.



Baltasar Esnaola (Foto Euzkadi)


Al llegar a su propia historia, nos dice como ha estado sin contrincante por más de veinte años. ¿Y lo del percance con Manuel Olaechea de Berastegui? Le preguntamos. Aquello no fue apuesta, sino premio, disputado en Tolosa. Una vez depositadas las barras en lugar competente, los de Berastegui, que nada tienen de beocios, se las arreglaron para apoderarse de las barras del contrario antes del día del premio, dejándolas limadas con mucho secreto por la parte de la salida. Llegado el día del espectáculo, van a la plaza, y Machin hace su primer lanzamiento. A la salida de la barra noto cierto embarazo inusitado que le retuvo algo el proyectil y le impidió el que el tiro fuese lucido. Pidió la barra, la examino, y, en efecto, hallo que estaba limada por el extremo, así como las otras dos suyas. Lo pudimos ver en el acto de nuestra entrevista. Al hablarle del hecho, subió al desván y trajo una de las barras desusada desde entonces, cubierta de calcon las evidentes señales de la lima. Al ver esto, se negó a tirar nuestro héroe y pidió las del contrario para tirar con ellas, cosa que no se le concedió. Quiso concertar una apuesta con los de Berastegui; pero esto huía de la quema, según declaración de Machin. No tuvo, pues, adversarios en su tiempo, y cuando los pudo tener tropezaba con el inconveniente de la barra distinta de largura. Ni él ha acudido a varios premios, lo confiesa lealmente, ni ellos han querido lanzar con barras como la suya. De sus marcas hechas en público quedan dos: ochenta y uno y medio pies bajo pierna y ciento veintiuno a pecho. Solo un tiro de Gabino Lizarza le supera a pecho: el de 4 de mayo de 1914, en que Gabino lanzo ciento veinticinco y medio, con barra, como hemos dicho, más moderna. Los tiros inmediatos inferiores que conocemos de Gabino son de ciento dieciocho: tres pies menos que el de Machin, Baltasar Esnaola alcanzo también ciento dieciocho y dos pulgadas el 23 de febrero de 1928 A vueltas le prohibió Labaka a Machin el exhibirse en público.

Ya que hemos hablado de Esnaola y Lizarza, el tiro mayor que conocemos del primero a vueltas es de ciento ochenta y cuatro pies y siete pulgadas; el de Lizarza, ciento ochenta y seis. Bajo pierna tiene Esnaola ochenta y un pies y seis pulgadas, mientras que Lizarza alcanzo cien pies y dos pulgadas el 28 de julio de 1913. El campeón de Navarra, Mariezcurrena, vencido por Esnaola, alcanzo a vueltas setenta y dos pies y medio. El peso de las barras oscila entre 4.365 y 4.685 gramos. En “E. Alde” (julio 1928, página 252) leemos que Gabino consiguió a vueltas ciento noventa pies. Compárese en su proporción el lanzamiento del disco o de la jabalina con el de la barra, y se verá que el alejamiento mayor corresponde a esta última; hay tres tiros de Esnaola y de Lizarza que han pasado de los cincuenta metros. Recuérdese que el disco tiene dos kilos, y la barra cuatro y medio.

La última interesante noticia que nos da Machin es que el nuevo estilo de barra y la forma de tirarla ha sido importado de Bélgica. No hemos tenido tiempo ni medios para documentarnos en este particular. Como decíamos en otro artículo, seria curioso saber si han existido o existen aún lanzadores belgas y cuáles son sus marcas.

Con sentimiento nos despedimos del esbelto Machin, que posee dos palancas poderosas en sus brazos y una gran dosis de honradez, herencia cada vez más rara en la humanidad.

Los palankaris de Marquina merecen capítulo aparte. 

ORIXE (Fuente: Euzkadi 1928)


                                

José Luis Zelaia, Juan Antonio Iguaran y Félix Erauskin. (Foto Novedades)



HACIA UNA BARRA VASCA. 

Con ocasión del lanzamiento de Ibaiondo, que era uno de los números interesantes del programa, se indicó en estas columnas, no con tanta exactitud, haberse dejado de celebrar la contienda entre los inscritos por falta de organización. Ni los organizadores del festival de Ibaiondo ni otro alguno es capaz hoy de concertar ninguna competición de barra y en el sistema de lanzamiento.  La barra vasca no existe todavía. Existen una barra bizkaina, y otra gipuzkoana, y otra ribereña;  pero la diferencia es quizá mayor aun entre las dos primeras que entre los dialectos correspondientes de la lengua vasca. Hay una base común, que es el lanzamiento por resbale, y una forma general de barra que se va estrechando a medida que va saliendo de la mano. Coinciden también las variedades de lanzamiento “a pecho” y “bajo pierna”; pero el peso del proyectil es diverso, como su forma de construcción. En estas condiciones no se puede pensar en organizar una contienda a barra entre bizkainos y gipuzkoanos, aunque si de estos con los navarros euskaldunes, que siguen o siguieron la misma escuela. Lo único que cabe es lanzar tres tiradas cada uno con su propia barra y otras tres con la barra ajena, sacando la tirada media. En esta forma tenemos entendido que respondió Baltasar Esnaola al reto del de Murelaga. Pero tampoco habría igualdad de armas, por la diferencia de peso y de forma en las barras y en el hábito de manejarlas. Es, pues, indispensable que se unifiquen la barra vizcaína y gipuzkoana para esas competiciones, conservando si quiere cada uno su barra y estilo peculiar, como se conservan los dialectos. En cosa que no entra en el espíritu, se puede dar mejor esa unidad: se debe optar por “la barra vasca”.

¿Pero cuál? ¿La bizkaína o la gipuzkoana? ¿Una combinación de las dos? Póngase al habla y convengan nuestros deportistas. La Federación Bizkaina y la Gipuzkoana pueden nombra sus delegados, o, en caso de que no les interesara, los que quieran organizar una contienda de barra  vasca póngase al habla.

El más documentado, sacrificado y desinteresado de nuestros deportistas, don José Iguaran, ideo una barra tomada de la gipuzkoana con el fin de introducirla en los deportes “nacionales”. Es la que presentamos grabada. Fue aprobada por la Asamblea de Madrid en competición con las barras castellana, aragonesa y bizkaina, por convencerse los delegados respectivos de su mayor belleza y vistosidad. Pero después de un año de estudio y de gastos construyendo barras de diversos tamaños y peso, al fin la Asamblea de Madrid echo abajo el proyecto del señor Iguaran, suprimiendo de los programas la barra, que se había convenido fuese “española”. ¿Sería imposible un acuerdo para una “barra vasca” de competiciones oficiales? En este caso, debemos resignarnos a no ver más que exhibiciones como las de Ibaiondo, sin estimulo para los atletas y sin interés para el publico inteligente. La emprendedora Juventud Vasca, ¿no pudiera conseguir, en sus anhelos por la perpetuación de los deportes vascos, avivar la afición, que irremisiblemente se pierde para siempre? Porque el sostenimiento de este deporte está condenado a esa exhibición artificial, prestada por dos o tres atletas, con los cuales morirá si no se pone remedio. En nuestra niñez, siempre que disponíamos de una estaca más o menos torneada que no estropeara la mano, y velamos a nuestros pies una llanura en que dar vueltas hasta el marea, ejercitábamos espontáneamente, sin Club, sin premios, con la única ilusión de igualar o superar a Mariezkurrena, a Lizarza o a Esnaola, este vistoso deporte. Hoy los jóvenes de los puebles cercanos a Berastegi o Ezkurra no prometen emular a los maestros que se van.

Y es que también se debiera tender a que en esas contiendas y campeonatos tomasen parte los aficionados, excluyendo, si hace falta, a los profesionales. Todavía hay maestros. Hay que procurarles discípulos. En el primer campeonato de Gipuzkoa solo vimos a un muchacho que se atrevió a presentarse. En Ibaiondo brillaron por su ausencia los aficionados. Ni tenemos tampoco noticia de que en el rincón de Murelaga, a donde ha huido este juego en Bizkaya, dejen semilla de palankaris los Uriguen y los Onandia. ¿Habrá remedio para este mal?

Los bizkainos consiguieron buenos tiros a pecho, a media vuelta y bajo pierna, favorecidos por la mayor ligereza de su barra. Nos pareció, sin embargo, que su sistema de lanzamiento con la palma vuelta hacia arriba y la cabeza de la barra hacia abajo no eran tan eficaces para el mayor alejamiento del proyectil. Esnaola no pudo llegar, en estas variedades, a hacer tan buen lanzamiento como los bizkainos, ni con su barra, de mayor peso, ni con las bizkainas, que no se le acomodaban. Los bizkainos, con muy buen acuerdo, no intentaron lanzar con la barra de Esnaola. Este hizo dos preciosos tiros “a vueltas”, que entusiasmaron al público.

Como algunas personas nos han indicado su deseo de conocer el “Reglamento” hecho para los campeonatos gipuzkoanos, lo transcribimos de “Excelsior”, en donde se publico el 14 de septiembre de 1929. Dice así:

“El lanzamiento de la barra será ejecutado ante una línea bien marcada, que la constituirá un listón visible de siete centímetros de ancho y un mínimum de tres metros y medio de largo, empotrado al nivel del suelo. Un hilobala blanca marcara la prolongación indefinida de esta línea para los tiros que salgan desviados.

La barra deberá ser sujeta con la mano por la parte media, hacia el punto de equilibrio.

Para que el lanzamiento sea valido es condición precisa que la parte de la cabeza toque primero el suelo.

La distancia del lanzamiento será medida con cinta metálica y en medidas métricas, partiendo del punto más cercano de la huella en que la cabeza de la barra haya tocado tierra por primera vez, perpendicularmente a la línea del listón, o a su prolongación, en caso de desvío.

Habrá tres clases de lanzamientos o estilos diferentes: a), con impulso (burrundaran) y a vueltas (piririka);b), sin impulso (geldian) y a pecho (ertaiñez); c), sin impulso y bajo piernas (ankabe, istarpe). En el caso “a” se toma impulso la distancia que se desee. El impulso puede consistir en cierto número de vueltas o movimientos que más convenga. En el caso “b” se podrá colocar el lanzador tan cerca de la raya limite como quiera, siempre que no la toque. Durante los movimientos preparatorios de brazos y cintura que preceden al lanzamiento no deberán los pies perder contacto con el suelo. Únicamente en el gesto definitivo, en el momento mismo en que empieza a resbalar la barra para salir de la mano, podrá levantarse el pie del lado del brazo que ejecuta el tiro; lo que le permitirá terminar en armonía estética el lanzamiento, al mismo tiempo que no le hará perder la fuerza de inercia adquirida. En el caso “c” se separan las piernas convenientemente, de manera que permita maniobrar la barra de atrás adelante en los movimientos necesarios para el lanzamiento. Con el fin de no entorpecer este, dada la longitud de la barra y su proximidad al suelo durante dichos movimientos, se permitirá hacer un hoyo en el suelo, entre los puntos de apoyo de los pies.

En los diferentes estilos, cada concursante tendrá derecho a tres lanzamientos, y los concursantes clasificados para la final, a otros tres supletorios.

La mayor distancia conseguida por cada uno de ellos constar para la clasificación definitiva.

El concursante no podrá posar parte alguna de su cuerpo sobre la “plancha-limite”, ni tampoco franquear esta antes de que la barra haya tocado el piso.

Los concursantes podrán servirse de su propia barra, siempre que reúna todos los requisitos reglamentarios.

Ningún concursante será autorizado a servirse de barra ajena sin el consentimiento de su propietario.

Para que las marcas sean consideradas como “récords”, el terreno donde se consigan no deberá tener cuesta abajo ni haber viento en el sentido favorable al lanzamiento, y deberán ser remedidas siempre con cinta metálica y en medidas métricas.-2

Ya saben, pues, lo que deben hacer los que quieran organizar un campeonato de barra vasca. 

ORIXE (Fuente: Euzkadi 1930)




                                               
                                                  Gabino Lizartza


LA BARRA ESPAÑOLA. 

Visto el desconcierto que parece deducirse de algún artículo recientemente publicado sobre el proyectil y estilo de lanzamiento de la barra que han de regir en los próximos campeonatos de España de atletismo y por las continuadas consultas que se nos hacen y ante la imposibilidad de contestar separadamente a todos, creemos  de utilidad, más bien de necesidad para los aficionados y sobre todo para la Federaciones regionales, la publicación de estas líneas (cuya parte histórica ya di a conocer antes de ahora) para que sepan  a qué atenerse en su preparación con vistas a la próxima temporada de atletismo de “pista y campo”.

No pretendemos enumerar los detalles de la evolución preparatoria que precedió a la implantación de este deporte en los campeonatos oficiales.
Solo los hechos esenciales nos bastaran para informar a la afición de cómo ha venido sucediéndose lo relativo a este atlético lanzamiento para determinar su estado actual y “verdadero” dentro del atletismo español.

En 1925, al publicar la Federación Castellana de atletismo una traducción del os reglamentos técnicos de la Federación Internacional, incluyo el de la barra castellana, y la Confederación pareció dispuesta a introducirla en sus campeonatos, a lo que se opusieron las otras Federaciones regionales, alegando que también poseían sus barras y sus estilos Y en la asamblea nacional de dicho años se acordó´ que cada uno de los tres técnicos asesores de la Confederación estudiase las diferentes variedades existentes en las regiones de su jurisdicción y que en las siguientes campeonatos nacionales (Berazubi 1926) se hiciera una completa exhibición.

Allí fue declarada por aclamación como “barra española” el tipo y modelo presentados por el técnico del Norte de España, así como su reglamentación que, adaptada a los lanzamientos clásicos  internacionales, ha, hacia posibles todos los estilos regionales , pero “probable” solo uno, el más hermoso, eurítmico, viril y de más eficiencia en resultados; el precioso estilo de la barra vasca; el de las vueltas al estilo guipuzcoano, de difícil ejecución, pero ¡cuán admirable! que tanta sorpresa, y admiración ha producido a los raros “atléticos” extranjeros que han tenido ocasión de presenciarlo, entre ellos los Duhour, quienes manifestaron hallarse ante el lanzamiento más hermosos que existe y fácil, relativamente internacionable con una propaganda suficiente de exhibición y de “film”.

Edourar Duhour , el formidable especialista del peso, nos comunicaba en Berazubi, en el mes de julio del año pasado, haber hablado ya al a Federación Francesa de este “etonnant lancement” y a la Escuela de Monitores de Joinville, que pareció tomar muy en cuenta el “descubrimiento” de Duhour en “tierra española “También los inquietos profesores de la Escuela Central de Gimnasia de Toledo, informados indudablemente por algún alumno vasco “concentrado· en dicha Escuela de la esbeltez del estilo y de la barra vascos no pararon hasta que el viaje hasta allí para enseñar a sus alumnos la técnica de esta modalidad para, a su vez, ofrecer una exhibición en la formidable reunión internacional de “Sokols” que se celebro en Praga el verano ultimo.

¡Pues volviendo al año 1936, en que se acordó la inclusión oficial de la barra, no pasaron muchos meses para que se suprimiera! Fue el mismo año en ocasión de la dimisión de la Directiva de la Nacional. Es decir, que, aunque se llevaron a cabo exhibiciones de tanteo en 41923, 1924 y 1936, tampoco veríamos dicha prueba, oficialmente practicada al menos, ni aun después de haber tenido el honor de ser declarada nacional.

Pero a principios de 1930, cuando ya se había disipado la amargura de los infructuosos trabajos que se nos obligaron a hacer, fuimos sorprendidos por una amable carta que nos dirigió la Nacional, en la que se nos comunicaba “haberse encontrado, al revolver el archivo, con un trabajo “enterrado” nuestro sobre tan interesantísimo lanzamiento, que merece una total y rápida rehabilitación”.

A buen seguro que acertaríamos al afirmar que nuestra fría contestación (predispuestos como estábamos a ningún entusiasmo oficial) no sería agradable por su inesperada tibieza.

No obstante, en los campeonatos de España de ese año que se celebraron en Barcelona, el catalán Capó gana la prueba con 18,45 mts, marca cuya pobreza denunciaba la ausencia del estilo vasco. Al año siguiente (1931), en el mismo estadio de Montjuich, comprobamos como efectivamente era lanzada “mi barra” (vasca) como barra castellana y otro catalán, Pou, gana la prueba mejorando un poco la anterior distancia. Allí, sobre el terreno, hube de demostrar prácticamente la existencia de estilos de mas rendimiento.

Y es preciso llegar a los últimos campeonatos nacionales (Berazubi, 1932) para llegar al completo restablecimiento de la barra oficial española.

Y esta es la que debe regir en las futuras competiciones cuya reglamentación y demás detalles paso a describir.

LANZAMIENTO DE BARRA ESPAÑOLA, TOMADA DE LA BARRA ESPAÑOLA.

El lanzamiento de la barra será ejecutada ante una línea bien marcada, que la constituirá un listón bien visible de 7 centímetros  de ancho y, por lo menos, de 3,000 metros de largura, empotrado en el suelo y pintado de blanco. La prolongación indefinida de esta línea límite podrá ser marcada con una liz blanca, bien estirada en recta, para los “tiros “que salgan desviados.

La barra deberá ser sujeta con la mano por la parte media, hacia el punto de equilibrio.

Para que el lanzamiento sea valido es condición precisa que la “cabeza” toque primero el suelo.

La distancia de lanzamiento será medida con cinta metálica en línea recta, a partir del punto en que la “cabeza” de la barra haya tocado tierra por primera vez perpendicular a la línea del listón o a su prolongación en caso de desvío.

Cada concursante tendrá derecho a tres lanzamientos  y los concursantes clasificados por su mejor “tiro” para la final, a otros tres intentos supletorios.

La mayor distancia de entre todos los intentos conseguidos por cada uno, se tendrá en cuenta para la clasificación definitiva.

El concursante no podrá posar parte alguna de su cuerpo sobre la plancha-limite, ni tampoco franquear esta línea antes de que la barra haya tocado el piso.

Los concursantes podrán servirse de su propia barra, siempre que esta sea reglamentaria. Ningún concursante será autorizado para servirse de una barra ajena sin el consentimiento de su propietario. Todas las barras habrán tenido que ser controladas previamente y admitidas como reglamentarias para tener derecho a servirse de ellas.

Para que las marcas sean consideradas como récord, el punto de caída no deberá estar a un nivel más bajo que el del terreno de impulso; ser medidas en una dirección y remedidas en la inversa las distancias con cinta metálica; no haber sido favorecidas por el viento y conseguidas dentro del número máximo de seis intentos oficiales.

EL APARATO

Consistirá en una barra torneada, de acero duro y de una sola pieza, aunque para su descripción es conveniente dividirla en dos partes principales: una parte más gruesa, que se le denomina “cabeza” y “cola” la parte más delgada.

La “cabeza” estará compuesta de tres troncos de cono y terminara en punta. El primer tronco de cono, a continuación de la “cola”, tendrá de diámetros 0,0155 m. y 0,0225 m. y de altura 0,015 m. El segundo, a continuación del anterior, tendrá de diámetros 0,0225 m. y 0,031 m. y de altura 0,275 m. El tercer tronco de cono tendrá de diámetros 0,031 m. y 0,0325 m. y de altura 0,09 m.

La punta será a revolución y como continuación del tercer tronco de cono; tendrá su base un diámetro de 0,0325 m. y una altura de 0,03 m.

La “cola” tendrá un metro y nueve centímetros de largo y un grueso uniforme de 0,0155 m.

La longitud total de la barra ser de 1,500 metros.

Su peso no será inferior a 3,500 kilogramos. 

ZIGOR. (Fuente: Excelsius 1933)







domingo, 1 de noviembre de 2015

El atlético Club Elexalde

Alberto "Culebrón” Duñabeitia, padre del alcalde de Bilbao y presidente del Athletic, “Beti” Duñabeitia, jugador del Español y del Athletic de Bilbao, donde gano la Copa de 1923, trajo junto a Carmelo Leizaola, las primeras pruebas atléticas a Galdakao, cuando ambos realizaron los estudios de Ciencias Químicas en Barcelona, y posteriormente trabajaron en “La Dinamita”. También fueron el alma del Club, los directivos Jugo, Tutor, Uriarte e Ibarra.

 

Alberto Duñabeitia

Desaparecida la Federación Vizcaína de Atletismo en 1932, se creó en su lugar la Agrupación Atlética Vizcaína, que realizó las funciones de federación y club a la vez. Tres factores inclinaron la balanza para que los principales campeonatos atléticos de Bizkaia celebrados en la década de los 30, se realizaran en Santa Bárbara: la negativa a ceder sus campos de futbol por parte de los principales clubs del territorio (Athletic y Arenas), las facilidades dadas tanto por “La Dinamita”, como por el club galdakoztarrak de la mano de Alfredo Elberdin y Alfonso Tutor, y la importancia del club durante esta década en la supremacía del atletismo vizcaíno, ya que en aquel momento, su sección atlética la constituían más de treinta atletas, completada con elementos del Valle de Arratia y capitaneados por Zelaia. A modo de ejemplo, en la conmemoración del día de San Ignacio de 1933, se realizaron unas pruebas atléticas con la presencia de entre tres mil a cuatro mil personas, batiendo el record de concurrencia en Bizkaia, a excepción de las que se realizó en San Mames en el año 1923, con motivo de las bodas de plata del Athletic. Como complemento a las actividades atléticas, se realizaron exhibiciones de gimnasia y boxeo entre niños, concurso de salto a la cuerda para chicas, y como postre, una romería amenizada por la Banda de música.


                                     
                                   
                                           Carmelo de Leizaola.
 

Pese a lo buena voluntad de los directivos del Elexalde, el estado de las pistas no era el optimo. Con la velocidad, los corredores se escapaban sin querer de las calles, la pista era de 240 metros, con curvas muy pronunciadas y difíciles de salvar sin pérdida de equilibrio, en una pista que no era de ceniza, y que favorecía ligeramente a los saltadores con su pequeño desnivel. Santa Bárbara no era susceptible para realizar proezas, pero se estaba impulsando un proyecto de nueva construcción beneficioso para el atletismo vizcaíno, que estaba a falta de la decisión de los dirigentes de la fábrica de Zuazo e impulsada por el diario deportivo Excelsius, organizador de los campeonatos, que finalmente no cuajó.


Marcelino Vicente atravesando el riachuelo de Urreta.


Pero respecto al “cross-country”, en palabras del Excelsius, el recorrido era pintoresco y espectacular, sin grandes durezas pero tampoco una simple carretera. Un trazado ideal, al uso de los que se estilaban por el extranjero, donde estaban acostumbrados a estos espectáculos con terrenos muy apropiados, con altibajos, paso por riachuelos, tierra labrada, vegas, suelo duro y blando, y todo él, enclavado en lugares de extremada belleza. El recorrido elegido fue en su mayor parte un verdadero terreno de cross, similar a los británicos, que desgraciadamente no se encontraba en Bilbao. Se anunciaba también, la facilidad de acceso a las pruebas, con tranvías de ida y vuelta a un precio de una sola peseta.


               Delgado y Eladio García en el Campeonato vizcaíno de cross country.


En Santa Bárbara se realizaron múltiples campeonatos vizcaínos: de pentatlón en 1933, de atletismo en 1933 y 1934, de cross country” en 1935 y 1936, y de neófitos, en 1934. Posteriormente, la organización de estos eventos fue realizado por la Unión Ciclista Galdacanesa.


Campeonato vizcaíno de cross-country en Santa Barbara.