miércoles, 19 de marzo de 2014

El Obispo en la minas de Usansolo


La segunda mitad del siglo XIX supuso el desarrollo de la minería vizcaína, creando una nueva aristocracia entre los dueños de estas. Galdakao no quedó al margen de este desarrollo. En una de las visitas del obispo de Dora al municipio en agosto de 1905, este se desplazó a las minas de Usansolo. A mediodía llegó el obispo a Usansolo con el fin de bendecir las máquinas para el lavado de minerales y elevación de aguas de Agustín de Iza, cuya fuerza suministraba Carlos de Orue. Le acompañaban Esteban de Amezola, Bonifacio de Ormaechevarria y Fermín de Isasi, ambos familiares de Gandasegi, siendo acogido como de costumbre el ilustre galdakoztarra. En unión de dichas personas, de varios accionistas de las minas de Usansolo y demás invitados al acto, se dirigió al lugar en que estaban instaladas las máquinas para el lavado de minerales y bendijo el aparato de treinta caballos de fuerza. Después bendijo la bomba eléctrica para la elevación de aguas. Ambas instalaciones enorgullecían a la casa Thompson-Houston Ibérica y a su ingeniero Walter Bruch, al de las minas Jesús de Urrutia y al gerente de las mismas Francisco de Rementeria.




Acto seguido, después de dirigir el obispo frases a los que intervinieron en la instalación de dichas máquinas en las minas de Usansolo, pasó con sus acompañantes al frontón del barrio, en donde se le obsequió con un esplendido banquete al prelado, que tuvo en la mesa, a la derecha e izquierda, al párroco de Galdakao señor Uriarte y a Esteban de Amezola. Tomaron asiento en la misma mesa los familiares anteriormente citados, Agustín, Domingo y Valentín de Iza, Francisco de Rementeria, Esteban Santisteban y Agustín de Arrieta, accionistas de la minas de Usansolo, Amadeo de Gandasegi, Alejo de Eguskiza, Carlos Orue, Felipe de Jauregizar, Tomás de Larrinaga, Pedro de Arteabaro, José de Zarandona, Walter Bruch y Antonio Llomsa, empleados de la compañía Thompson-Houston; Juan José de Landa, Antonio de Allende, Enrique de Ortuzar, Juan de Zamakona, Fulgencio Martínez, Pedro de Barrenetxea y demás invitados. A los postres llegaron el maestro Vigueira de San Miguel de Basauri y Lucio de Landaburu. El menú del banquete estaba constituido por: aperitivos variados, paella a la valenciana, langosta con salsa tártara, codorniz a la italiana, espárragos a la vinagreta, pollo asado a la española, roatsbeef a la inglesa, mantecado de café, bizcocho montado, St. Honores, quesos, fruta, café y cigarros. Para beber se sirvió: Diamante blanco, limonada de vino blanco, Cañedo tinto, champagne Vauve Cliequot, champagne Pommery, Domecq, Martel, Chartreuse y Benedictine.

Cuando se destapó el champagne, inició los brindis el obispo de Dora, quien brindó por la prosperidad de las minas de Usansolo, siguiéndole en el uso de la palabra Francisco de Rementeria, gerente de dichas minas, Agustín de Iza, el médico de Galdakao señor Landa, Esteban de Amezola y el representante de la compañía Thompson-Houston. Terminado el banquete, se jugó en el mismo frontón un reñido partido de pelota entre “Riojita” y el simpático Ramón de Rementeria, contra “Artatxori”, quienes fueron aplaudidos por la gran concurrencia que acudió al partido.
Días atrás, el obispo había sido obsequiado en Galdakao por la “Sociedad Recreativa La Cruz”, que fue a su pueblo natal a visitar a sus paisanos. El banquete fue servido por el acreditado fondista León de Asua. Agradecido de su estancia en Usansolo, el obispo regresó a Bilbao a media tarde en unión de sus familiares y de Esteban de Amezola.