viernes, 21 de diciembre de 2012

El tiempo libre de los jovenes y adultos del "Poblado Firestone"


Articulo del periódico "Crónicas" de febrero de 2008 por José Joaquín Gallastegi y Luis Gurtubai. 


viernes, 16 de noviembre de 2012

Eusebio Zabala y el barco pirata



Igotz mendi


Eusebio Zabala, segundo oficial de maquinas del “Igotz mendi”, carguero construido en los Astilleros Euskalduna perteneciente a la naviera “Sota y Aznar”, participó de manera involuntaria en un acontecimiento de gran repercusión en la I Guerra Mundial. Fue  apresado por el corsario alemán “Wolf” el 10 de noviembre de 1917 en el Índico, entre Angola y Ceilán, cuando se dirigía desde Sagunto con un cargamento de carbón para el suministro de combustible a la Flota Inglesa del Índico, convirtiéndose en un buque fantasma. A la altura de Madagascar, desaparecía sin dejar rastro. Al no llegar a su destino, se dio al barco y a su tripulación como perdidos.


                                                                 Eusebio Zabala

Eusebio comentó al capitán que la ruta más apropiada para ir a Colombo era bordear el sur de Madagascar. Posteriormente, todos le echaron la culpa de la aventura. A las diez de la mañana, el “Wolf” se colocó a babor del “Igotz Mendi”. Para evitar la huida, el capitán alemán colocó en la bodega una carga de dinamita, que el capitán y el primer oficial vasco, decidieron arrancar del fondo de su barco y arrojarla por la borda. Durante dos o tres días, trasladaron al “Wof” 3.000 toneladas de carbón. Al terminar la labor, el comandante alemán les dio a los oficiales un banquete con abundancia de puros y whisky, que empezó a las ocho de la noche y término a las ocho de la mañana del día siguiente. Tras separarse a principios de diciembre, el “Wolf” hundió un buque y un velero. Posteriormente, se encontraron de nuevo en las proximidades de la Isla de Trinidad (Brasil), que estaba supuestamente desierta pero se encontraron con una guarnición brasileña. El nuevo año comenzó con el hundimiento de un crucero noruego cerca del Ecuador, encontrándose de nuevo ambos buques y realizando una vez más, la operación del trasbordo del carbón para combustible del “Wolf”. Era imposible desviarse de la ruta que les marcaban los alemanes, además no tenían telégrafo. El Atlántico Norte se presentaba desierto, por la gran navegación realizada en convoyes, debido a la masiva existencia de sumergibles alemanes. Mientras tanto, se desarrollaba un terrible temporal. Al amainar el 4 de febrero, a la altura de  Islandia para girar hacia el Báltico, el “Wolf” y el “Igotz Mendi” se reunieron por última vez, el “Wolf” fondearía en la bahía de Kiel para aguardar al “Igotz Mendi”. Debido a la niebla, el “Igotz Mendi” embarrancó en la costa danesa. Confundieron las luces de un faro con las de un barco y encallaron. Los alemanes pidieron ayuda al puerto danés, pero en el puerto se extrañaron que hubiese un barco alemán que se llamase “Igotz Mendi”, deteniendo al “Wolf”. Finalmente, cuando el “Igotz Mendi” embarrancó, el cautiverio terminó. Los marinos del “Wolf” habían hundido hasta entonces 13 barcos. Pese a la educación inglesa de Eusebio, este no pudo quejarse del trato que les dieron los alemanes.


                                                    SMS Wolf

Cuando en Begoña se estaban preparando los funerales, después de haber perdido la esperanza, el 24 de febrero de 1918, tras 107 días de aventura por el Índico y el Atlántico, el “Igotz Mendi” dejó de ser un buque fantasma. Los daneses se portaron durante 3 meses maravillosamente, lo que tardaron en reparar las averías del barco. La sorpresa fue mayúscula cuando se supo que los marinos dados por muertos, estaban vivos. El 2 de junio de 1918 salió rumbo a Bilbao, y al paso por los puertos vizcaínos, salió la flota pesquera y tres remolcadores con banda de música y autoridades. La larga desesperanza de cuatro meses, acabo a las ocho de la tarde de un 21 de junio de 1918.




Eusebio aprovecho para casarse aquel mismo año. Aun le habían de tocar dos naufragios más, que tampoco consiguieron doblegar su vocación de marino. Al estallido de la Guerra Civil, el “Igotz Mendi” trabajo para el Gobierno Vasco, y tras ella, cambió su nombre por el de “Monte Mulhacen”.

sábado, 3 de noviembre de 2012

El nuevo nombre de las escuelas

Trascurridos quince años de la construcción de las escuelas de La Cruz, el ministro de Instrucción Pública dispuso acceder a la petición de las autoridades municipales de la localidad, para que las escuelas graduadas se denominasen en el futuro del doctor Gandasegui, como homenaje al arzobispo de Valladolid.



El domingo 21 de agosto de 1927, se celebró el homenaje de Galdakao a su hijo, el arzobispo de Valladolid Remigio Gandasegui. Los galdakoztarrak pusieron colgaduras en sus balcones y se congregaron en el barrio donde iba a tener lugar el homenaje con motivo de la nueva denominación de las escuelas. Llego Gandasegi con el canónigo de la “Metropolitana” de Valladolid, siendo objeto de gran ovación. Inmediatamente se organizo la comitiva desde la casa consistorial a la iglesia parroquial. Abría la marcha, la banda de música de “La Dinamita”. En primer lugar, en filas dobles, marchaban los niños y niñas de las escuelas graduadas, con estandartes a la cabeza. A continuación, el Ayuntamiento presidido por el alcalde León de Asua y seguidamente el Arzobispo, acompañado del presidente de la Diputación y diputados, el vizconde de Moreaga de Icaza y Gaytan de Ayala, el presidente de la sala de la audiencia territorial de Valladolid, Ramón Pérez Cecilia, Ildefonso López Gómez, Dean de la Metropolitana de Valladolid, inspectores de enseñanza de Bizkaia, delegado gubernativo y el juez municipal Amadeo Gandasegi.

 A su llegada al templo parroquial, fue recibido bajo palio, llevado por Ignacio Undabeitia, Antonio Aldecoa, Narciso Fernández, Francisco Arriandiaga, Pedro Tournan y Emilio G. del Solar. En el presbiterio le acompañó el Deán de la Metropolitana de Valladolid, el señor Sertutxa, el canónigo de Burgo de Osma y el doctor Santiago Lezama. Se canto la misa eucarística a cuatro voces del maestro Perossi, por la capilla de la parroquia, reforzada con elementos de la localidad, bajo la dirección del organista de la misma Tomas Larrinaga, que de esta manera quisieron rendir tributo al homenajeado.

Del templo se trasladaron a la casa consistorial, esperando al gobernador civil Cesar Ballarin. Llegado este, fueron a las escuelas y en medio de gran entusiasmo, se procedió a descubrir la lapida que al hijo de Galdakao el doctor Gandasegi, le dedicó su pueblo. La lapida de mármol de Carrara descubierta, fue proyectada por el dibujante bilbaíno Antonio Frade y ejecutada en los talleres “Altuna e Hijos” de Donostia. En el acto, hablaron el secretario del Ayuntamiento, el señor Aguirre en representación del alcalde, el inspector provincial de enseñanza, el presidente de la Diputación Esteban Bilbao y el gobernador civil Cesar Ballarin. El Arzobispo de Valladolid hablo en último término para dar las gracias a todos.

Tuvo también, un recuerdo para el jesuita y filosofo, P. Urraburu, que nació en Zeanuri y en cuya casa, se exhibe el escudo de los Gandasegi, implicando a las autoridades para que honrasen su memoria. Terminó con un ¡Viva Galdakano!, que fue contestado por todos los presentes. Después, fueron obsequiados los invitados, con un exquisito banquete servido por el Hotel Arana. Durante todo el día, se recibieron cartas, telegramas y telefonemas de adhesión al acto.

jueves, 6 de septiembre de 2012

El Cinturón de Hierro


Tras la formación del Gobierno Vasco en 1936, una de sus primeras acciones fue la creación de una red de fortificaciones, cuya jefatura recayó en el teniente coronel de ingenieros Alberto Montaud, decidiéndose la construcción de la que originalmente se llamó “Obra fortificada de defensa de Bilbao”.

El primer jefe de esta obra fue el capitán de ingenieros Pablo Murga, designado el 6 de octubre de 1936 por poco tiempo, ya que fue fusilado el 19 de noviembre de 1936 por espionaje a favor de los fascistas, tras ser detenido el cónsul de Austria con un informe suyo sobre las obras de defensa de Bilbao.


Elexalde visto desde Bekea
 

Tras la ejecución de Murga, el siguiente responsable fue Alejandro Goicoechea que había sido militar hasta 1921. Las obras del “Cinturón” comenzaron el 9 de octubre de 1936, participando inicialmente 10.998 obreros, pasando a ser en noviembre 13.289 hombres y mujeres. En diciembre se recortaron los presupuestos y únicamente quedaron unas 2.500 personas en su ejecución, llegando a bajar hasta los 1.000 trabajadores. Con el inicio de las ofensivas fascistas, se incorporaron más trabajadores hasta alcanzar los 8.500.

El 27 de febrero de 1937, Alejandro Goicoechea cruzaba las líneas por el monte Maroto y se entregaba a las tropas franquistas, posteriormente elaboraría un informe sobre el “Cinturón” para los fascistas, este informe no tuvo la importancia que se le dio, ya que para entonces, los sublevados ya tenían bastantes datos gracias a los reconocimientos aéreos, pero a él le valió para que fuese rehabilitado en el ejército franquista.

A mediados de mayo de 1937, el “Cinturón” alcanzaba los cien kilómetros, faltando por cerrar aun, un 10% de la obra. La obra consistía en unos 100.000 metros de trincheras, en algunas zonas en varias líneas y construcciones en hormigón para las armas automáticas, también intento aprovechar las defensas naturales.

En Galdakao, el “Cinturón” entraba por el monte Upo y seguía por las laderas de Lekubaso, Arteta, Basabal, Bekelarre, Bekea, Olabarri, Altamira, Azkarri, Erletxe y por Artola pasaba a Larrabetzu, estando en algunas zonas reforzado por varias líneas de trincheras y construcciones en hormigón.

El “Cinturón” fue roto el día 12 de junio de 1937, en una de las zonas menos defendidas del monte Gaztelumendi, bombardeado por la aviación y artillería desde el monte Bizkargi. El día 12 los fascistas tomaron Larrabetzu, ascendiendo Santa Marina para el 14. El 15 de junio de 1937, los fascistas conquistaban Galdakao y el 19, Bilbao. Tras la Guerra Civil, el “Cinturón” fue demolido parcialmente durante el año 1948, para recuperar el hierro que reforzaba el hormigón en las cubiertas de los bunkers.

Fuente: Galdako Gogora.

martes, 7 de agosto de 2012

La fuente de La Cruz

Articulo publicado en "Crónicas" en septiembre de 2008.

domingo, 1 de julio de 2012

El "Poblado Firestone", un "mini-universo" de privilegiados obreros


Articulo sobre los inicios del barrio de Olabarrieta, publicado en "Crónicas" por las aportaciones de José Joaquín Gallastegi y Luis Gurtubai.

lunes, 4 de junio de 2012

Labea: un barrio agrícola y familiar que vio mermada su población

Articulo sobre la vida de Urgoiti-Labea en palabras de Antonio Zamalloa publicado en el periódico "Crónicas" en 2006.

viernes, 4 de mayo de 2012

La Ikastola de Galdakao

Articulo realizado gracias a las aportaciones de Juan Ramón Urrutikoetxea, Joseba Uribe, Jesús Mari Ibarra, Luis Intxausti, Juan Loroño y Roman Loroño. El articulo no habria sido posible hacer, sin el impulso de Gregorio Arrien, esperto en la educación de las ikastolas en la II República. 



Han transcurrido 76 años, pero los alumnos de la primera ikastola de Galdakao aún recuerdan su primer día de clase. Fue un lunes de marzo de 1934. Esta particular escuela abrió sus puertas en la calle Iberluce con alrededor de setenta alumnos desde párvulos hasta los ocho años. Para algunos era su primer día de colegio pero otros llegaban hasta aquel edificio bautizado como Plazakoetxebarria desde otros colegios como Gandasegi, en el propio municipio. Acudían desde casi todos los barrios de Galdakao (Plazakoetxe, La Cruz o Tximelarre). Lo hacían para aprender las materias que se impartían entonces pero sin estar separados por géneros y hablando, además, en euskera; un hecho que pagarían años después con la llegada de las tropas de Franco.

El edificio en el que impartían clase era propiedad del que fuera alcalde de Galdakao en aquellos tiempos, Pedro Urizar, y sus andereños se llamaban Monika Lekunberri y Rosa de Lekerika.

Hoy, aquellos niños que acudían andando "al camino de arriba", en Iberluce, tienen entre 80 y 85 años aunque nadie lo diría dado el nivel de claridad que todavía hace brillar los recuerdos que aún almacenan en sus memorias. Reunidos por el escritor e investigador Gregorio Arrien, siete de los alrededor de veinte supervivientes de aquellas vivencias se reunieron en torno a un café para, entre todos, componer la historia de la ikastola de modo que no caiga en el olvido.

"Es una pena que mucha gente crea que las ikastolas se crearon a finales de la dictadura cuando la verdad es que comenzaron durante la República", explica el autor de libros como La generación del exilio, cuyas páginas están dedicadas, precisamente a poner en valor la labor de aquellos primeros centros escolares de carácter vasco.

Fue entonces, durante la segunda República, cuando se creó la Federación de Escuelas Vascas (Euzko Ikastola Batza). Y con ella, las ikastolas de Bilbao, Durango, Amorebieta, Gernika, Barakaldo, Elorrio, Galdakao, Ondarreta, Portugalete, Sondika y San Salvador del Valle. No obstante, a pesar del éxito que les hizo acoger en poco tiempo a 1.500 niños, en 1937 tuvieron que echar el cerrojo ante la supervisión, cuando no agresión, por parte de los nacionales. En esto, como en casi todo, Galdakao no fue una excepción.

Ultimo día de clase
Los bombardeos acabaron con la vida normal en Galdakao

"Era la primavera del 37 cuando abandonamos la ikastola para no volver. Recuerdo que pasó un avión sobrevolando Galdakao. Estábamos en el recreo y Monika salió corriendo a recogernos para que nos guareciéramos dentro de clase. Desde ese día ya no pudimos volver", coinciden los ocho supervivientes de todo aquello. Ellos son Juan Ramón Urrutikoetxea Elorza, Jesús Mari Ibarra Aurrekoetxea, Juan y Román Loroño Sarría, Joseba Uribe Urtiaga, Garbiñe Urizar Totorika y Luis Intxausti Astigarraga.

Según cuentan, aquel día fue el principio de una vida totalmente distinta en la que los continuos bombardeos que sufrió el municipio por parte de la aviación Cóndor les obligó a alejarse del municipio con lo puesto. Los hermanos Loroño se marcharon a Karrantza, Garbiñe se fue a Trucíos, Jesús Mari estuvo interno en los Corazonistas de Vitoria y Jesús Mari pasó dos años en Inglaterra. "Tampoco nos enterábamos de mucho. La huida del pueblo, a pie, fue casi como una aventura", explican.

La historia de Monika Lekunberri
A la andereño que siguió con las clases pese a la prohibición

Peor papel le tocó cumplir a las andereños, Mónica y Rosa. Esta última, que era de Morga, se marchó a Francia y después, a Madrid. La otra, Monika, tuvo que dar clases en la clandestinidad porque tenía prohibido hacerlo al haber sido profesora en la ikastola. "Iba de una casa a otra sin libros para que no la pillaran", recuerdan los que fueron sus alumnos. Más tarde, cuando "la perdonaron", montó una academia en su casa, hoy desaparecida, pero que ocupaba lo que hoy es el comienzo del parque Ardanza.

Según las memorias de estos vecinos, Monika fue una mujer "muy guapa y muy joven. Tendría 22 años más o menos cuando acabó la carrera y vino a darnos clase". "Fue una mujer fabulosa. Me enseñó matemáticas en el cuartito de su casa tan bien que luego fui a estudiar la carrera a la Cámara de Comercio de Bilbao", añade Garbiñe.

"Una pena", que el destino le deparara un final prematuro presa de un accidente en su hogar.

Tal y como contaba entonces Jenaro de Egileor, el cronista local en el diario Euzkadi, la ikastola de Galdakao estaba instalada en la planta baja de Plazakoetxebarria, un casa de apenas media docena de años. Según el plano que aporta, disponía de una amplia y ventilada aula para las actividades docentes, además de una cantina, vestuario e instalaciones higiénicas. En torno al centro, existía un pequeño jardín para el recreo.

Esta ikastola duró tres cursos. En los años 1935 y 1936 se habían formado ya tres grandes grupos: uno de párvulos que comenzaba con el aprendizaje de la lectura y la escritura, el intermedio y el de mayores. Los alumnos, mostraban una "gran entrega" por aprender el euskera, tal y como afirmaba el inspector de las Escuelas Vascas, Luis Aguirre. Este empeño en los niños se debía en parte, a que la junta local del centro había establecido un premio mensual al niño que con más fidelidad practicara el idioma.

Además de las andereños, los mayores recuerdan a otros personajes que tuvieron mucho que ver con aquella primera ikastola. El primer nombre que surge es el de Genaro Lekunberri, el padre de Monika, correo de la fábrica de Explosivos que se pasaba todos los días por el centro de camino a la oficina de Guturribai. No olvidan tampoco a don Karmelo Leizaola, presidente de la ikastola que murió en Brasil al año de fundarla. "Le pusieron una placa en su honor en la pared de la escuela. Cuando llegaron los nacionales se liaron a porrazos con ella", recuerda Luis.

Durante este periodo, muchos de estos estudiantes fueron devueltos, separados los niños de las niñas, a las escuelas nacionales de Gandasegi o a los Maristas de Zuazo, ubicados en un edificio que luego fue residencia de ancianos.

No fue hasta la década de los sesenta, con el régimen llegando a su época final, cuando Galdakao vio nacer su segunda ikastola. Esta se ubicó en Zabalea en un edificio propiedad de Ricardo Uriarte, hijo mayor de Juan Bautista Uriarte. Ya de regreso en Galdakao, fueron muchos los alumnos de aquel primer centro los que colaboraron en la apertura del segundo, tal y como reconocen los congregados que ya apuran el café.

"La verdad es que la de Galdakao es una de las ikastolas que me cae simpática, primero por el número de supervivientes que tiene todavía", explica el escritor Gregorio Arrien quien, con quedadas como ésta, espera poder completar los datos que le faltan sobre aquellas ikastolas de la República. "De Galdakao me faltan muchas cosas, sobre todo, en lo referente al material gráfico. Sería precioso que alguien tuviera alguna foto de las andereños Monika y Rosa o, incluso, del mismo centro escolar del que hoy sólo sabemos por testimonios", atestigua.

Artículo de DEIA

viernes, 20 de abril de 2012

Muertos en los bombardeos de la guerra civil en Galdakao

Articulo de Josi Sierra publicado en el periódico "Crónicas" de Galdakao en mayo de 2008.


La inauguración de las escuelas.

En 1847, atendiendo al diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de Madoz, Galdakao disponía de una escuela para ambos sexos, al que asistían 40 alumnos. Habría que esperar hasta el 22 de septiembre de 1912, para que el municipio se dotase de un edificio digno para la enseñanza. El diario “La Gaceta del Norte” se hizo eco del acto de inauguración de las escuelas de La Cruz, fiesta presidida por el Obispo Prior de las Órdenes Militares, hijo de la localidad, con la asistencia de autoridades y pueblo en general que se sumó al acto.

                               
                       Autoridades eclesiásticas en las Escuelas de La Cruz.


Fueron llegando los invitados recibidos por el alcalde. A las once y media, en el automóvil del minero Agustín de Iza, llego el obispo acompañado del familiar Valero de Capdevilla, siendo acogidos por el gentío, que se agolpaba por besar el anillo pastoral. Le cumplimentaron el secretario del Gobierno, señor Portela, al que estaban invitados diputados provinciales, el arquitecto de las escuelas, señor Camiña, inspectores de enseñanza y el clero de la parroquia, entre los particulares, el director de “La Dinamita”, que ostentaba la representación de Pedro Chalbaud, Guillermo Pradera, Mauricio Jacqué, Ricardo P. de Uriarte y otros muchos.

En la planta baja del edificio se colocó el altar en el que comenzó la bendición, terminando en el segundo piso. El prelado disertó sobre la instrucción y la formación pedagógica, base de la prosperidad de los pueblos en opinión del eclesiástico. Realizó también, un estudio retrospectivo de la influencia de la enseñanza en la civilización y el progreso.

La planta baja cubierta, estaba destinada al recreo de los alumnos, el piso principal a la escuela de niñas y el segundo a la de niños. Se dividía en dos grados, de manera que serian escuelas graduadas. Estaban dotadas de todos los servicios, urinarios, lavabos y guardarropas, instalados conforme a  todas las prescripciones de higiene de la época. El material de enseñanza era un verdadero modelo. Estaban pensadas para 200 niños e igual número de niñas. Disponían de amplias escaleras completamente independientes. El edificio no tenía más dependencias que las escuelas, nada que no estuviese relacionado con la enseñanza. La superficie por alumno, era más del doble de lo obligado por la ley y la “ubicación de aire” era más del triple, en palabras del periódico. El proyecto de escuelas fue iniciado siendo alcalde Francisco de Rementeria.

El Ayuntamiento obsequio con un banquete al obispo al que asistieron 60 comensales, entre autoridades políticas, judiciales, educativas, eclesiásticas y prensa, celebrándolo en las nuevas escuelas, con mesas adornadas con flores naturales. Presidio la mesa Gandasegi, situándose a su derecha; el secretario del Gobierno Civil, el diputado Ampuero y los señores Piñol y Jacqué. A la izquierda; el alcalde, el diputado San Pelayo y los señores Caramés y Arnau. Julián Larrinaga sirvió el banquete, con arreglo al siguiente menú: Tortilla de jamón, langosta con mayonesa, perdiz a la cazadora, espárragos, roastbeef a la inglesa, mantecado de vainilla, pastas y fruta, café, licores y cigarros, vinos de Bodegas Bilbaínas, La Rioja Alta y Champagne.

Posteriormente al banquete, actuó la Banda de la Dinamita y se lidiaron dos novillos. Finalmente al anochecer, se pudo disfrutar de fuegos artificiales y “cinematógrafo”. Trascurridos quince años de la construcción de las escuelas, se dispuso que estas, se denominasen en el futuro del doctor Gandasegui, como homenaje al arzobispo de Valladolid.

jueves, 15 de marzo de 2012

El “routier” Loroño


 Foto de estudio

Los ciclistas vizcaínos de aquel tiempo celebraban carreras de 60 kilómetros, como la que se corrió en Galdakao el 30 de septiembre, prueba en la que venció Marcelino y su hermano Remigio Loroño, pese a su encontronazo con Salazar, obtuvo el farol de metal blanco, regalado para el que llegase primero en la cuarta vuelta. Poco tiempo después, se celebró la carrera del X Campeonato de Vizcaya y Salazar temía que le sucediese algo por el encontronazo con Remigio, aunque el pueblo de Galdakao se comportó deportivamente. Pero ni Salazar ni Remigio, pudieron tomar parte en dicha prueba.
                                             


Cartel anunciador 1º Gran Premio Vizcaya (Nik)
 
El 21 de abril de 1924, Remigio Loroño se desplazó a Navarra para ganar el “I Circuito de Pamplona”, también llamado de Pascuas, considerada la mejor carrera organizada en Navarra. La consiguió en un apretado esprint, en la que se llevo por su victoria, una bicicleta de carreras. Dos meses más tarde, como consecuencia de los hechos ocurridos en la prueba de Galdakao, se le impuso la suspensión de la licencia deportiva. Ante esta descalificación, tras el campeonato peninsular de fondo en carretera, surgió la idea de los entusiastas de Remigio, que reunieron 500 pesetas, dispuestos a ponerlas en juego en un match entre el corredor galdakoztarra y el detentador de aquel trofeo, aunque la presión de la prensa le hizo desistir de la idea. Pero siguió participando en pruebas de menor nivel, llevándose las victorias de Areatza y Muskiz. Una carta conciliadora de Remigio desde el servicio militar en Burgos, posibilitó finalmente que el 8 de diciembre se levantase su inhabilitación.



                    Cartel de Martinez Ortiz de la Vuelta al País Vasco.


 Fue tal el interés que despertó el “I Gran Premio Bizkaia”, que incluso el periódico francés “L’auto”, organizador del Tour, mostro su admiración por la prueba. Fueron 100, los ciclistas que tomaron la salida con lluvia, viento, frío y granizo, en la que los participantes catalanes realizaron un papel mediocre. Val se pegó a la rueda de Remigio y aprovechando una confusión producida por una aglomeración de automóviles y tranvías en Algorta, escapó y le ganó a Loroño.

                                                             

Conduciendo el pelotón


El 5 de julio de 1925 volvió a Navarra a disputar en Iruña la “Travesía del Pirineo”, en la que el corredor galdakoztarra, quedó en segunda posición. De vuelta a Bizkaia, en Sopuerta, por una mala táctica, repitió clasificación, montado sobre una bicicleta “Morales”, en un circuito lleno de cuestas y repechos, realizado contra viento y agua. La equivocación de Gutiérrez Ojembarrena, frenando a cien metros antes de la meta y el afán de Loroño por colocarse tras Sarduy, a 50 metros de la línea final para batir a aquel en el esprint, fueron las causas.



Tras Francisco Cepeda, Vencedor del Gran Circuito de Getxo
 

Pero estaba por llegar, una de las más importantes citas de la temporada vizcaína, el “II Circuito de Getxo” celebrado el día de San Ignacio. Cepeda, soltó un arreon final en la subida a “Txomintxu”, entrando a meta por delante de Loroño. Cuatro días más tarde, volvería otra de las pruebas de más alto nivel, la “II Vuelta al País Vasco”, una carrera que contó con el campeón italiano Bottecchia, que venía de ganar el “Tour de Francia”. Los vizcaínos se enfrentaban ante un ciclismo infinitamente superior, pero Loroño logró ser el primer vizcaíno, en decimoctava posición.



 Con salida en el Gran Casino del Sardinero, comenzó la primera edición de la Vuelta a Cantabria, en la que finalmente Loroño obtuvo una quinta plaza, en una prueba con neto color vizcaíno. De vuelta a casa, el 25 de octubre de 1925 se celebró el Campeonato Ciclista de Bizkaia, donde tras una lesión por una caída en la Vuelta a Gipuzkoa y una mala táctica, por no utilizar una multiplicación adecuada, llegó en tercera posición. Navarra era un territorio que no le resultaba adverso y al año siguiente, Remigio triunfó en los 101 kilómetros del “I Circuito de la Ribera”, en Tudela.




                                            Caricatura de Nik

jueves, 23 de febrero de 2012

Los triunfos del Galdacano hasta 1956

Artículo de octubre de 2007, publicado en el diario local "Crónicas" sobre el C.D.Galdakao facilitada por Jose Larrea, Joseba Uribe, Roman Loroño, Juan Loroño, Alfredo Madina, Victor Diez, Pedro Mari Uribarri y Luis Intxausti.


sábado, 18 de febrero de 2012

Marcelino, “Petit” Loroño


Hermano pequeño del también corredor Remigio Loroño, de ahí su apodo, Marcelino contaba con 18 años cuando empezaba a conocer las mieles del triunfo. Sus deseos eran presentarse en todas las carreras del País Vasco y pronto pudo lucirse ante su parroquia, con la prueba celebrada en Galdakao en 1923, que le dio a conocer como un ciclista de gran proyección.


   Triunfo final de Marcelino en Juan Bautista Uriarte.
                              

Para ella se habían inscrito los más afamados corredores vascos, en una prueba deportiva que por el valor y número de premios, tanta expectación había despertado entre los amantes del pedal. Hacia las nueve de la mañana, empezó a llegar gente de todos los pueblos de los alrededores, no pudiéndose dar un paso por el centro del municipio. Marcelino Loroño obtuvo el triunfo, en una carrera que más tarde daría mucho que hablar por las caídas producidas en ella.



Pocos días después, se celebró el X Campeonato de Bizkaia sobre una distancia de 100 kilómetros, con salida en el Campo de Volantín de Bilbao. Su hermano Remigio, no pudo tomar parte por haber recibido dos puntos de sutura tras la carrera de Galdakao. Por ello, los agoreros vaticinaron que la misma, carecería de interés, pero estaban equivocados. A su paso por Erletxe, Marcelino encabezaba el pelotón, recibiendo el apoyo de sus vecinos. Más tarde, una caída le retrasó 5 minutos, pero al final entraron en cabeza por “La Salve”, Barruetabeña y Marcelino. Fue este, el que primero perdió los nervios y lanzo el esprint, a 50 metros de la meta, vio como su amigo de Gernika le superaba ampliamente, llevándose el triunfo. Marcelino obtuvo de premio de la Sociedad Ciclista Bilbaína, la Copa del alcalde de Bilbao y 25 pesetas, importe de la prima del alto de “Usagana”.


Trofeo obtenido

 
Estando en racha, sus admiradores junto al Club Elexalde, llamaron al vecindario a sufragar los gastos del desplazamiento a Barcelona, al Campeonato Peninsular de fondo en carretera. Con su bicicleta Peugeot-Hutchinson, consiguió un meritorio octavo puesto en la general y primero en los de segunda categoría, obteniendo el premio de 60 pesetas. Ya se le consideraba un futuro campeón. A pesar de haber recorrido 15 kilómetros con los pedales y el sillín medio rotos, se mostró contento por el triunfo, no así por el estado de las carreteras, con numerosos badenes y gran cantidad de barro, que se quedaba en la horquilla delantera, acompañado por su hermano que se desplazaba en un vehículo particular. Se limitó a seguir a Otero, pero en una caída, este se le escapó. Realizó la prueba desanimado por no ver a gente conocida y correr de una forma tan distinta a como se hacía en Euskadi, pero le sirvió para estudiar las “martingalas” de los corredores con experiencia.


Foto en prensa

Finalizado este fenomenal año, 1924 supuso la desaparición de los viejos modos y el nacimiento de la Vuelta al País Vasco, pero para Marcelino, no fue tan positivo como el anterior. En el Campeonato ciclista estatal, su puesto undécimo demostraba su falta de plenitud. Pese a su deseo de participar en una carrera fundamental como la Vuelta al País Vasco, en la que Marcelino Loroño se inscribió, no pudo participar por estar enfermo. Reconocido por un médico, el diagnostico fue de no ser conveniente para su salud, participar en esta prueba, ya que su dolencia venia de antiguo. Para los catalanes, que le habían visto correr, Bizkaia perdía uno de sus mejores elementos.



Entrada en el Gran Premio Bizkaia


El 4 de septiembre comenzó la I Vuelta a Cantabria, presentándose y realizando el trayecto con su bicicleta, desde Bilbao, pero tras la prueba, finalmente quedó clasificado en décimo cuarta posición. La superioridad ciclista extranjera en las pruebas por etapas, no solo era física, sino que los locales carecían también, de una buena técnica ciclista.

lunes, 9 de enero de 2012

Del Elexalde de 1915 al Galdacano de 1939

Articulo en el periódico Crónicas sobre la historia del C.D. Elexalde, facilitada por Jose Larrea, Joseba Uribe, Roman Loroño, Juan Loroño, Alfredo Madina, Victor Diez, Pedro Mari Uribarri y Luis Intxausti.