lunes, 30 de abril de 2018

El carpintero de Labea y su sentido del humor

El 27 de agosto falleció en Usansolo a la edad de 91 años Sabin Yurrebaso Etxebarria Arotza, abertzale íntegro y gudari que luchó por la libertad de Euskadi durante la guerra en las filas del batallón Meabe.

Ebanista de profesión, con tan sólo 18 años Sabin Yurrebaso abandonó la casa de sus padres, Benito y Filomena, siguiendo los pasos del primogénito de la familia, Kepa, al inicio de la insurrección militar.

"Con la escopeta al hombro", como él decía, se alistó en el Meabe con otros dos vecinos del barrio de Labea, Pablo Meñika y José Mª Barandika. Tras intervenir en múltiples acciones contra el Ejército franquista, poco antes de ser capturados, Arotza, junto a otros gudaris, pudo trasladarse a la clínica Euskalduna de Bilbao, donde trabajaba su padre, Benito, como enfermero. Allí recibieron la atención médica necesaria y recobraron las fuerzas para buscar la salida de Bilbao, que estaba punto de caer.

Tomada la decisión de trasladarse a Francia, en Santander cogieron una pequeña embarcación, lo que para ellos suponía un verdadero alivio tras la incertidumbre de las semanas previas, pero la acción del buque de guerra franquista Canarias les hizo retroceder para arribar, tres días más tarde, a Ribadesella (Asturias), donde, finalmente, fueron detenidos y enviados al penal de Laredo (Cantabria).

A partir de ahí, comenzó su largo periplo por las cárceles franquistas, un peregrinaje que le duró siete años: las prisiones de Cariñena (Zaragoza), Miranda de Ebro (Burgos), Teruel y Girona fueron testigos de su paso, siempre con la P de prisionero grabada en su ropa.

No obstante y aunque preso, también gozó de algunos privilegios por su condición de arotza (carpintero) al tener que fabricar para los oficiales franquistas camas, camastros y algunos muebles.
Una vez conmutada su pena, Arotza fue llamado a filas donde sirvió dos años en Gasteiz y Punta Galea como artillero de 2ª.

Alderdikide en Usansolo, Arotza tenía un gran sentido del humor del que hacía gala junto a sus amigos en las reuniones vespertinas que diariamente celebraban junto al taller de carpintería que a lo largo de su vida laboral regentó en Labea -frente al hospital-. Era este gran sentido del humor el que le llevaba a comentar que si tras siete años "me llamaron a la mili como artillero de 2ª, si me llegan a tener hasta hoy, cabo primero, ¡seguro!".

Alderdikide y uno de los fundadores de EAJ-PNV en Usansolo, vio reconocida su labor como gudari y su paso por las cárceles franquistas por el Gobierno vasco.



Fuente: Aitor Bikandi Sagarminaga (Deia 2010)

miércoles, 28 de febrero de 2018

lunes, 29 de enero de 2018

Con él llego la democracia a Galdakao

Justo Sagarminaga Barrena Primer teniente alcalde de Galdakao tras la Dictadura



Corría el año 1979 cuando, bajo el mandato del alcalde Pedro Eguileor, Justo Sagarminaga tomó las riendas del Departamento de Hacienda del Ayuntamiento de Galdakao. Era la primera vez tras cuarenta años de dictadura que un gobierno elegido por el pueblo entraba en aquel Consistorio, una entidad "en ruinas" que había que levantar con mucho trabajo y dedicación.



Es precisamente la palabra trabajo la que ha acompañado la vida de este natural del barrio de Elexalde, fallecido el pasado sábado a sus 88 años. Comenzando por su labor en el Ayuntamiento, al que entró "como teniente alcalde en unos tiempos muy duros", tal y como asegura Juanma Yurrebaso, el que fuera presidente de la junta directiva del PNV galdakoztarra. "No había dinero ni para comprar un tiesto. Pero ahí estaba Justo para solucionarlo", alaba el que fuera compañero suyo en aquella legislatura. Aunque era treinta años más joven, Juanma mantiene un recuerdo muy vivo de su colega. "Justo abandonó el Ayuntamiento cuatro años más tarde, dejándolo totalmente saneado. Si en la campaña electoral se habían prometido cien proyectos, con Justo se pudieron hacer trescientos", rememora Juanma.

"Mi padre recordaba esa fecha como una época de mucho trabajo pero muy satisfactoria porque de verdad creía que la labor que había hecho merecía la pena", apunta su hijo Fernando.

Justo celebraba su cumpleaños cada 14 de septiembre, día grande de Galdakao y en plenas fiestas patronales. 

Cuando llegó al Ayuntamiento se encontró con una institución "en ruinas" que había que levantar.

Además de trabajador, Justo era "serio, correcto y responsable". "Tenía una forma de vida muy metódica. Nunca se perdió con nosotros en los bares, se cuidaba mucho y siempre iba a comer a casa", añade Juanma.

Aparte de su labor como político, este vecino se ganó el pan en Tenería Bilbaína, primero como administrativo y después como gerente hasta que se jubilara en 1983. Esta empresa ubicada en el barrio de Urreta trabajaba la piel. "Hacían desde guantes hasta correas para las máquinas de Altos Hornos" pasando por las suelas para la Yanco, la firma mallorquina de zapatos de lujo, explica Fernando.

Siempre al día. Tras su jubilación, Justo seguía interesándose por todo lo que ocurría a su alrededor. No había día que no se pasara por el batzoki que ayudó a levantar, para enterarse de las últimas novedades acontecidas dentro y fuera de las fronteras galdakoztarras.

Informarse a diario, formaba parte de su bien trenzada rutina diaria que comenzaba con la compra de este diario cada mañana. "La lectura de DEIA fue una constante en su vida", apunta Fernando. Tras este desayuno informativo, Justo daba un largo paseo por los montes de alrededor hasta la hora de la comida. Su cuidada huerta y las reuniones con su familia y amigos completaban la corta lista de vicios de este galdakoztarra de pro que llevaba tan adentro a su pueblo que hasta eligió su Día Grande, el de la Exaltación de la Santa Cruz, el 14 de septiembre, para venir al mundo.

Fuente: Deia