viernes, 17 de marzo de 2017

La primera gran explosión




                    Procesión de duelo en dirección hacia la parroquia. (Foto Abernaiz)

En la fábrica de “La Dinamita” sucedió a primera hora de la mañana del 20 de septiembre de 1913, un desgraciado accidente que costó la vida a cuatro obreros y dejo mal herido a otro. Las primeras noticias del suceso se tuvieron del comandante del puesto de Miñones, que telefónicamente avisó al Gobierno Civil, que en uno de los departamentos de la fábrica había ocurrido una explosión, y aunque se ignoraba el número de víctimas, se temía que hubieran perecido los cinco operarios que se hallaban en el departamento. Posteriormente, el alcalde Gandasegi comunicó el accidente, explicando que este había ocurrido en la caseta número 1. Los nombres de los muertos eran: Santiago Lekue, José Arteta, Cándido Arrieta y Mateo Beitia; los heridos; Bernardo Sagasti e Ignacio Ibarretxe, que  notó ser lanzado por el aire, siendo recogido por su compañero José Pereda en el laboratorio de la empresa, todos ellos vecinos de Galdakao y que fueron atendidos por los médicos titulares, Francisco M. Osaba y Francisco Arriandiaga, junto a los contusionados de escasa importancia. Tan pronto como se conoció lo ocurrido, el director Ramón Arnau, el subdirector Juan Truillot, el jefe de talleres Eugenio Marchal y personal de la fábrica, se trasladaron al lugar del accidente, prestando los primeros cuidados a las víctimas, y procediendo a retirar aquellos materiales que pudieran producir nuevas explosiones. Desgraciadamente, se comprobó lo que se temía. La explosión fue terrible, prueba de ello es que varios trozos de las calderas fueron a parar a gran distancia, cayendo uno de ellos en el molino Torrezabal, distante del lugar del suceso unos 422 metros.

Cuatro operarios habían muerto y el resto, presentaban heridas de gravedad que no hacían temer un fatal desenlace, salvo complicaciones. En los talleres se terminaron los trabajos urgentes, se adoptaron medidas de precaución y se prohibió el acceso al lugar de los sucesos a toda persona ajena. Respecto a las causas que pudieron producir el accidente, se ignoraban cuales fueron, pues los únicos que pudieran haber aportado detalles, fueron las víctimas. Lo que sí pudo asegurarse es que, merced al aislamiento y defensa de las casetas en que se realizaban los trabajos, la explosión no tuvo mayores consecuencias. El Juez municipal de Galdakao, Juan Cruz de Ereño, acompañado del secretario Antonio Sagardui, comenzó a instruir las oportunas diligencias, y a las tres menos cuarto, llegó procedente de Durango, el Juez de instrucción José María Sanz Gomendio. También en el mismo tren fueron llevados tres ataúdes. A las cuatro de la tarde, el Juzgado procedió al levantamiento de los cadáveres ordenando su traslado al depósito del cementerio, prosiguiendo la instrucción de las diligencias. Pedro Chalbaud visitó al gobernador civil dándole cuenta de lo ocurrido, añadiendo que no podía precisar las causas que pudieron haber producido la explosión.

En atención a las desgracias ocurridas, el alcalde suspendió las sesiones del cinematógrafo público anunciadas y convocó al Ayuntamiento para celebrar sesión extraordinaria a las seis de la tarde, la cual no pudo celebrarse por falta de quórum. A la hora fijada para la sesión, asistieron a la Casa Consistorial: el alcalde Amadeo de Gandasegi, y los concejales Pedro de Urizar, Francisco de Rementeria y Gregorio de Elorza. El alcalde recibió un telegrama expedido por el presidente de la Diputación rogando se hiciese llegar a las familias victimas y al pueblo en general un sentido pésame. A la noche pasó por la localidad, el vicepresidente de regreso de Donostia. El presidente de la Diputación, a las siete y media de la tarde, no había llegado aún.

Como es natural, al ser conocida la desgracia, causó una gran impresión en Galdakao. En palabras de Ignacio Ibarretxe, la explosión sobrevino por graduar mal alguna cantidad de los componentes de la nitroglicerina. Todas las precauciones y medidas de carácter técnico de la época, no bastaron para evitar los accidentes de trabajo. Se comentaba que en la fábrica hacia largos años que no se habían registrado hecho semejante y la sociedad propietaria tenia siempre la costumbre, aún antes de promulgarse la Ley de Accidentes del Trabajo, de atender con socorros a las viudas o hijos de las víctimas, llevando así el posible consuelo a las familias de sus operarios.



Fuentes: La Gaceta del Norte y Euzkadi

lunes, 27 de febrero de 2017

Homenaje a Jon Zamalloa


Articulo publicado en el periódico local Crónicas

jueves, 22 de septiembre de 2016

Romualda Zuloaga, la panderojotzaile de Bekea.


Nacida en Bekea en 1913, fue una importante figura del folklore vasco, cantando en euskera, su lengua natal y vehicular, junto a su marido José Ojanguren y otros panderojotzailes, albokaris y acordeonistas.


         Romualda y Mariano (Foto: Familia Ojanguren Zuloaga)

Antes de su etapa “profesional”, Romualda se inició junto a su marido José Ojanguren y el acordeonista Marcelo Arrieta “Borlas”, por las fiestas, pasacalles y verbenas de los pueblos de los alrededores. Se le podía escuchar por “Santotxikerra”, Upo y Lekubaso, montes cercanos a Arteta donde se hacían unas grandes y conocidas fiestas antiguamente.


Romualda y Marzelo (Foto: Familia Ojanguren Zuloaga)


A pesar de su buena andadura en los grupos Ballet Olaeta y el grupo de danzas Dindirri durante los años 58 al 60, en los que estuvo alternando actuaciones en ambos grupos, prefirió unirse al grupo de danzas local Andra Mari. Una vez fundado dicho grupo, fue miembro inicial y destacado. El albokari que le acompañaba en aquellos tiempos era Antonio Aiesta “Jitano”, vecino también del mismo barrio, primer albokari del Andra Mari y Romualda la primera panderetera, realizando los ensayos en la cocina de su casa de Bekea. Como consecuencia de esos ensayos, se realizaron actuaciones junto a un cuarteto de baile, como la recordada en el desaparecido cine Regio de Galdakao, formando entre otras niñas de la localidad, su hija de 12 años Belén Ojanguren.

Pasacalles por Galdakao (Foto: Familia Ojanguren Zuloaga)


Junto a Mariano Barrentxea y en representación del grupo Andra Mari, participaron en certámenes internacionales de folklore, desplazándose por Gran Bretaña y Francia y ganando diferentes galardones. En 1965 por ejemplo, obtuvo el segundo premio en música dentro del grupo Andra Mari en el festival de Llangollen en Gales. En 1964 en primera edición y en 1967 en segunda, Romualda y Mariano Barrenetxea publicaron el disco “Alboka: bailables vascos”, él como albokari y ella como cantante y panderojotzaile. Este se reconoce hoy en día como el primer disco de alboka publicado, anteriormente existieron grabaciones aisladas, pero este es el primer EP (Extended Play) oficial. Cabe destacar que toda esta labor era totalmente altruista. Romualda jamás cobró por actuar, cantar o tocar, era su amor total por el pueblo y la música vasca. Tampoco se ganó dinero en los certámenes, ni con el disco editado.




En su casa de Bekea fue donde se ensayaba casi de una manera clandestina. Allí acudían otros integrantes del Andra Mari a bailar y tocar diferentes instrumentos. De estas reuniones, se conserva y se enseña hoy en día, un paso de baile que se aprendió en origen con Romualda Zuloaga y José Ojanguren.

Su acompañante más famoso fue sin duda Mariano Barrenetxea, músico e investigador del folclore vasco, y más concretamente de la alboka. La alboka era un instrumento pastoril relegado a cuatro pastores del Gorbea, estaba abocado al olvido, y gracias a los estudios y figura de Mariano, no cayó en este olvido y se recuperó, labor que también se la debemos al grupo Andra Mari. Otros personajes importantes en la vida de Romualda recordados por su familia son: Sabino Larrea, dentro del Andra Mari y mencionado en la contraportada del disco, y el músico, organizador de certámenes culturales, conferenciante, txistulari y jefe de programación de la Cadena Ser, José Luis Bengoa Zubizarreta, que visitaba regularmente la casa de Romualda. Además de su interés y presencia en casa, también se recuerda la emotiva entrada de radio que realizó al fallecer Romualda en Galdakao, “pinchando” sus canciones en la radio y rindiéndole un bonito y emocionante homenaje.

miércoles, 3 de agosto de 2016

De Galdakao a Superiora General

Articulo publicado en Deia sobre las hermanas Sabina y Miren Zamalloa.


jueves, 26 de mayo de 2016

El extraño caso del Dornier 17




Calles San Francisco, Iturribide y Ollerias (Foto "La Tarde")

El domingo 18 de abril de 1937, las sirenas anunciaron al vecindario de Bilbao un ataque aéreo. A su encuentro despegaron del aeropuerto del viejo campo de polo de Lamiako, cuatro “chatos”, cazas rusos comandados por el cántabro Felipe del Río, que persiguieron a tres Dornier 17, veloces bombarderos nazis, denominados “lápices voladores”. El lugar más afectado por el bombardeo fue el refugio antiaéreo que había debajo de la fábrica de caucho y zapatos, “Cotorruelo y Cía.”, de la calle Prim en Iturribide. Los cuerpos destrozados iban saliendo despacio: un niño de cinco años, un joven, una mujer embarazada...


Dornier 17 derribado, perteneciente a la Luftwaffe. (Foto “La Tarde”)


El ataque fue narrado por el periodista George Steer, cuyo relato del bombardeo de Gernika inspiró a Pablo Picasso para reflejar las atrocidades de los bombardeos sobre poblaciones civiles. En el libro titulado El árbol de Gernika, se indica que  Steer se encontraba en el Hotel Torrontegi, y salió en dirección a Galdakao a ver el lugar donde fue derribado un avión alemán. Mientras unos arrojaban bombas sobre la ciudad, Felipe del Río persiguió a otro avión rebelde, que como consecuencia de combate aéreo, se incendió dando la sensación de caer abatido, pero que a duras penas pudo enderezarse brevemente y seguir planeando hasta las proximidades de Galdakao. Luego él y otros tres cazas, siguieron a otro averiado hasta Legutiano. Momentos antes de caer a tierra el aparato, trató de ganar altura para que se pudiesen tirar los tripulantes, pero al brotar una gran llamarada, los dos pilotos se vieron obligados a arrojarse en paracaídas. Uno de ellos cayó al agua y el otro a tierra, pero ambos por haberse lanzado cuando ya estaban a muy poca altura, resultaron muertos a consecuencia de la violencia del choque. Los restantes tripulantes del avión, al parecer otros dos, cayeron con el aparato y perecieron carbonizados. Según un testigo del derribo, los aviones cayeron cerca de un pinar de Arkotxa, limítrofe con Galdakao.



Un  piloto alemán de veintisiete años, Hans Sobotka, estaba medio calcinado y aún tenía los brazos en alto para cubrirse la cara, su último gesto antes de estrellarse en la ladera de la montaña. Uno de los cadáveres se salía de lo normal; de gran corpulencia, joven, rubia cabellera, un trozo de calcetín, cejas depiladas, labios pintados, largas y cuidadas uñas, y  manos blancas y finas. A primera vista, todo parecía indicar que los alemanes empleaban también a mujeres como pilotos de guerra, pero los médicos de la Sanidad Militar de Bilbao, desvistieron el cuerpo y lo exploraron: axilas depiladas y ropa interior de seda rosa, pero anatómicamente era el cadáver de un hombre. La ropa interior estuvo expuesta en el Departamento de Defensa Vasco y los médicos lo apuntaron en sus libros, como «uno de los incidentes más chocantes de la guerra civil».



Dado que los bimotores disponían de 5 tripulantes, había gran interés por conocer la situación del quinto ocupante. Días después, apareció un paracaídas con los hilos cortados en Upo mendi y a un individuo al parecer extranjero y con vestimenta de aviador, se le vio rondar por las inmediaciones de Galdakao, preguntando a unos muchachos sobre el camino que tenía que seguir para ir a Gasteiz. Dichos muchachos, pusieron el hecho en conocimiento de las autoridades, las cuales inmediatamente dictaron orden de busca y captura. No se dio veracidad al hecho, pero tampoco se negó, aunque la Policía Motorizada de Euzkadi (Euzkadiko Ertzaindi Igeletua) realizó una intensa labor de búsqueda.

Días después, tras otra batalla aérea, Felipe del Rio falleció. Recientemente había sido ascendido a capitán.




Fuente: El árbol de Gernika y La Tarde.




sábado, 30 de abril de 2016

El pionero del ciclismo


En los inicios del ciclismo, parecía este un deporte reservado a señoritos, reduciéndose a las urbes de cierta importancia. De ahí la sensación que en los medios ciclistas de 1906, causó la aparición de Tomás San Salvador, al que le adjudicaron el apodo de “el aldeano”, con cuyo nombre de guerra alcanzó popularidad en el mundillo ciclista. Fue una figura modesta, fuerte y excelente corredor, en unos tiempos precursores con entusiasmo de la afición al ciclismo en el país. Su natural timidez, que contrastaba con sus cualidades atléticas, fue causa de las sonrisas con que su presencia fue acogida, sonrisas que se troncaron pronto en gestos de envidia, impotencia o de respeto de sus adversarios. Lo fiaba todo a su fuerza, pero no consiguió el complemento que le hubiera hecho culminar en la figura más destacada de su época. Carecía de los más rudimentarios conocimientos de técnica ciclista y rara vez tenía en cuenta las características del recorrido. Para Tomás no era cosa desconocida la bicicleta. Su hermano mayor tenía una, pero jamás se atrevía a poner las manos en ella, y aprovechando las ausencias de sus amigos, consiguió llevar a cabo un rudimentario aprendizaje. Ahora ya podía pensar en la adquisición de una bicicleta tan pronto se presentara la ocasión propicia, y que para fortuna suya, no se hizo esperar, pues su hermano se la cedió por cinco duros.


Tomas San Salvador. (Libro “Erase una vez en Galdakao… (II)”)


Corrió la noticia de que se proyectaba llevar a cabo una carrera de envergadura, un Bilbao-Donostia-Bilbao dotado espléndidamente. Tomás era ajeno a ello, pero su hermano mayor tenía noticias de la prueba. Dada la excesiva distancia, se opto por dos pruebas con lo presupuestado. Una de ellas Bilbao-Urduliz-Unbe-Enekuri-Bilbao y otra, Bilbao-Galdakao-Erletxe-Derio-Enekuri-Bilbao, a cubrir en dos vueltas. Pero antes de lanzarse, había que hacer un ensayo. No disponía de bicicleta, por lo que debió alquilar una y realizar la prueba. Al esperar su hermano su retorno, Tomás no aparecía. Una curva demasiado cerrada y una caída a una huerta, fueron la causa. La víspera de su debut fue un mal día y peor noche.  Quiso desayunar fuerte antes de la salida, pero su estomago no admitía nada. Su presencia causo natural extrañeza, ya que nadie le conocía. Todo iba bien al principio, pero le dolía el estomago. Pero pensó en lo que dirían en el pueblo y sobreponiéndose, siguió al grupo. Empezó a pasar contrarios, llegando en tercera posición a la meta. No estaba mal para empezar. A los quince días se celebraba la segunda carrera. Nuevamente recurrió a una bicicleta de alquiler. La primera vuelta terminaba con la llegada de cuatro hombres en grupo de cabeza, entre ellos él. Se neutralizó el paso hasta Atxuri, donde nuevamente se dio la salida para la segunda vuelta. Al coronar el repecho de Galdakao les da caza y su futura mujer, le ofreció un reconfortante ponche. Llegó el repecho de Larrabetzu a pesar de las chuflas de sus adversarios, apretó y se largo solo, pero poco curtido, acepto una botella de agua y tanto se recreo en ello, que un adversario le pasó. Corrons entraba en primer término en la meta, con unos pocos segundos de ventaja. De haberse aplicado la neutralización, Tomás hubiese sido el vencedor. No desmerecieron sus posteriores actuaciones, aunque sufrió pequeños accidentes. La suerte no se le mostró muy propicia. En el campeonato de España de 1907, celebrado en Bilbao, con un recorrido Bilbao-Morga y regreso, y la participación de cincuenta y tantos participantes de diferentes regiones, San Salvador coronaba Unbe en primera posición. En el descenso se le unen cinco hombres y al enfilar Urduliz, en la curva final de Unbe cae al suelo junto al corredor que le precede. En el viraje de Morga su posición es mala, reacciona y la cosa cambia de aspecto. Va adelantando adversarios y en Unbe, alcanza a Amunategi, quien se lleva el triunfo final.

Las obligaciones familiares le alejaron del ciclismo, pero presionado por sus vecinos, acudió al año siguiente a Gijón, a disputar nuevamente el campeonato de España. Iba en primera posición, pero sufrió un accidente que le privó de la victoria, terminando en tierras asturianas su carrera deportiva. Una prueba de homenaje organizada en Galdakao, después de ganarla, determinó su definitiva retirada.

Fuente: Diario Excelsius